La venganza de El Chapo desde prisión: mantas colgadas de puentes con un mensaje atribuido a El Mayo

Aparecen narcomantas en Guadalajara

Los grandes narcotraficantes, aquellos cuyo nombre se ha convertido en cantar y leyenda, han muerto o están en prisión. Todos, menos uno.

Joaquín Guzmán, apodado El Chapo, que dirigió durante décadas el cartel de Sinaloa, trató durante su juicio en Nueva York de convencer al jurado de que no era él sino otro el que se escondía tras los crímenes por los que finalmente fue condenado.

Ahora, mientras espera conocer en qué prisión federal de máxima seguridad pasará el resto de su vida, esa otra persona a la que quiso culpar, el único gran narcotraficante que nunca ha tenido que huir de prisión porque nunca ha sido encarcelado, intensifica su batalla por controlar su negocio de droga y sangre.

Se llama Ismael Zambada, le apodan El Mayo, y lleva cuatro décadas esquivando a soldados y policías, mexicanos y estadounidenses. Según los abogados de El Chapo, él es quien dirige en la sombra el cartel de Sinaloa, merced, denunciaron, a sobornos millonarios que llegaron incluso a presidentes mexicanos.

Ahora que Guzmán nunca más volverá, quizá sea cierto, o más cierto.

Su cabeza, en cualquier caso, está valorada en cinco millones de dólares, lo que Estados Unidos ofrece por pistas que lleven a su arresto.

Poco más de una semana después de la condena contra Guzmán en Estados Unidos, varios estados mexicanos amanecieron con mantas colgadas de puentes con un mensaje atribuido a El Mayo: “Comienza la limpieza en el país / Venimos con todo el apoyo del Gobierno federal / Regresa la vieja escuela / Bienvenidos al diálogo todos los carteles / O se alinean o los alineo”.

La Administración estadounidense contra las Drogas (DEA) acusa a Zambada, de 71 años, de narcotráfico, lavado de dinero, crímenes violentos, secuestro y conspiración para cometer asesinatos. Le considera armado y peligroso.

El cartel de Sinaloa sigue intacto tras la caída de El Chapo, dirigido por sus hijos y por El Mayo, según informa el diario The New York Times citando a agentes federales estadounidenses.

“Capturar al Chapo es importante porque es una señal, pero nada más”, explica el analista Christain Ehrlich, “puede que haya un cambio superficial, pero estas organizaciones saben adaptarse con gran velocidad”.

Continúa, así mismo, la guerra entre carteles que desangra México (33.341 homicidios en 2018, año récord a la espera de que 2019 sea aún peor).

“En el mismo territorio hay organizaciones pequeñas y grandes”, asegura el analista Eduardo Guerrero, “las grandes intentan absorber a las pequeñas y estas intentan mantenerse independientes, es algo muy inestable”.

La condena a El Chapo quizá cambie poco o nada, pero ya ha costado vidas.

Días después de que aparecieran las narcomantas con el mensaje de El Mayo, fue asesinado en el estado de Sinaloa el hermano de Dámaso López Núñez, el que fuera mano derecha de El Chapo y luego se volviera en su contra, tras ser detenido, y testificara contra él en su juicio en Nueva York.

“El cartel de Sinaloa se está vengando de los familiares de Dámaso por el intento de asesinato hace dos años contra los hijos de El Mayo y El Chapo”, explica Mike Vigil, ex director de operaciones internacionales de la DEA, a la web informativa Business Insider.

Es una guerra dentro de otra guerra dentro de mil guerras. Como la que el cartel de Sinaloa libra contra el cartel de Jalisco Nueva Generación, al que “básicamente quiere borrar del mapa”, según Vigil. O la insurrección interna dentro de este último cartel, con un grupo interno llamado Nueva Plaza al que apoyan los de Sinaloa.

Todo esto no está ligado “necesariamente” con la condena de El Chapo, según Vigil, pero parece reafirmar las palabras que el narcotraficante le dijo al actor Sean Penn poco antes de su captura definitiva: “El día que yo no exista no va a mermar lo que es nada el tráfico de drogas”.

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