En la ciudad más peligrosa del mundo, Tijuana, atestiguar un crimen es peor que cometerlo

En Tijuana, la ciudad más violenta del mundo, ser testigo de un crimen puede ser más peligroso que cometerlo.

El caso de Carmen Guadalupe ilustra los problemas que enfrenta la ciudad.

El 6 de marzo de 2018, Guadalupe vio cómo tres hombres, uno de ellos su novio, asesinaron al mecánico Luis Zúñiga Sánchez y a Edwin Osvaldo Escobar Flores, reporta el semanario Zeta. A sus 17 años ella delató a los asesinos. Seis meses más tarde, su padre estaba denunciando su asesinato.

Los hombres que Guadalupe había visto eran Rodolfo López Arellano, alias Cabo 30; El Pitza y su exnovio, Luis Ángel Gurrola, El Mudo. Antes del ataque a balazos contra los dos hombres, Guadalupe había estado platicando con el mecánico.

Su padre tuvo que explicar a las autoridades que Guadalupe no padecía adicciones, ni estaba metida en problemas.

El arma con que mataron a Guadalupe, estaba registrada en otras seis carpetas de investigación.

Según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal la tasa de homicidios de 2018 fue de 138,3 asesinatos por cada 100.000 habitantes. Sólo por tener un punto de comparación, a ciudad más violenta de Estados Unidos, St. Louis registró 60,6 homicidios por cada 100.000 habitantes.

A pesar de que se puso en marcha un nuevo sistema de justicia penal en el municipio de Tecate, al que pertenece Tijuana, los testigos de crímenes no se animan a denunciar y la violencia ha empeorado. De junio de 2016 a marzo de 2019 sólo se han iniciado procesos judiciales en el 20% de los casos de homicidio, según datos de la secretaría de Seguridad Estatal de Baja California.

La protección de los testigos es fundamental, porque sin testigos es muy difícil proceder judicialmente contra los asesinos.

“A pesar de que conocen a los agresores, no es usual que acepten cooperar con la investigación, en las pocas ocasiones que lo hacen es porque los unió algún tipo de relación afectiva con la víctima”, dijo al semanario Zeta el Subprocurador general del estado en Tijuana, Jorge Alberto Álvarez

Es complicado, pues muchas veces los testigos son los cómplices. Y hay pocos incentivos para que cooperen.

“Cuando se trata de cómplices de un delito y testigos de un asesinato, lo único que les puede ofrecer el ministerio público es una reducción mínima de su pena, y por unos pocos años prefieren no arriesgarse”, añadió Alberto Álvarez.

Un pleito entre bandas que se dedicaban al robo de autos terminó en un asesinato. Luis Piña Rodríguez iba en el asiento de copiloto de la camioneta Jeep Compass cuando una camioneta Dodge Caravan morada los interceptó.

Kevin Omar Miramontes conducía la Jeep. Tras una breve discusión, un sujeto al que apodan El Marce sacó una pistola, metió la mano en la camioneta Jeep y mató a Miramontes.

Piña decidió declarar en contra de los asesinos de su amigo en noviembre de 2017. Un mes más tarde las autoridades encontraron su cuerpo baleado frente a una gasolinera.

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