Todo lo que sabemos sobre el origen del maíz podría estar mal salvo una cosa: es 100% mexicano

Para los wixárikas, una de las culturas ancestrales del occidente de México, el maíz fue venado una vez y de sus astas brotó el grano. Para los nahuas que erigieron la civilización Azteca el maíz era el regalo de la diosa Chicomecoatl, a quien todos los años ofrecían una doncella en sacrificio.

Como sugieren los mitos y leyendas que alumbraron el conocimiento de los pueblos originarios de América, la domesticación del maíz no fue una tarea sencilla. Un estudio reciente llevado a cabo por un grupo de científicos del Instituto Smithsonian ha revelado la compleja historia detrás de la domesticación de uno de los cultivos más importantes para la humanidad.

El maíz evolucionó de otra planta llamada teosinte hace 9.000 años bajo la influencia humana en lo que hoy es México. De allí fue llevada a América del Sur, donde sus pobladores también influyeron en su evolución, formando un segundo centro de desarrollo del maíz en el oeste de la Amazonia.

Antes de evolucionar por la mano de las mujeres y hombres que lo cultivaron en Mesoamérica, seleccionando cuidadosamente las mejores mazorcas, el teosinte era más hierba que elote, una planta muy diferente a la del maíz actual, con pocos granos pero con los genes necesarios para producir muchos más con el tiempo.

El equipo de Logan Kistler del instituto Smithsonian reconstruyó la historia evolutiva de la planta al realizar una comparación genética de más de 100 variedades de maíz moderno que crecen en todo el continente americano, incluyendo 40 variedades recientemente secuenciadas.

Antes se creía que la planta había evolucionado del teosinte al maíz moderno en pocas etapas, pero la nueva evidencia muestra que fue un proceso mucho más lento, con al menos dos centros de desarrollo, primero en México y luego en la Amazonia.

“Este trabajo cambia fundamentalmente nuestra comprensión de los orígenes del maíz. Muestra que no tiene una historia de origen simple, que realmente no se formó el cultivo como pensábamos”, dijo el coautor del estudio, Robin Allaby, de la Universidad de Warwick en Inglaterra.

De acuerdo a Kistler, comprender mejor la historia del maíz “brinda herramientas para evaluar el futuro de ese cultivo a medida que el entorno global cambia y aumenta la demanda agrícola”.

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