Sus hijos le dieron por muerto. En el hospital le desconectaron. Entonces ocurrió “el milagro”

La familia durante una conferencia de prensa celebrada en el espacio de terapia física del Methodist. Foto: Omaha World Herald

El 12 de diciembre, un día después de cumplir 61 años, T. Scott Marr fue hallado por uno de sus hijos desmayado en la cama, inconsciente pero aún respirando, en su casa de Creighton, un pueblito al norte de Nebraka.

 

Una ambulancia le trasladó al hospital, donde los doctores identificaron síntomas de un grave infarto. “No había nada que pudiéramos hacer”, explicó un doctor, John Treves, al diario Omaha World-Herald. “Estábamos preocupados porque no fuera un proceso reversible y porque iba a llevar a la muerte cerebral”, indica la doctora Rebecca Runge a la agencia de noticias The Associated Press.

Un capellán visitó a la familia en la sala de cuidados intensivos, dejándoles “un mal presentimiento”, según una de sus hijas, Preston Marr.

 Al día siguiente, los cuatro hijos de Marr acudieron al hospital, pero ante la ausencia de signos de mejora, pensaron que nunca se recuperaría. Esa noche decidieron desconectarle de los tubos de respiración asistida que le mantenían con vida.

“Ninguno de nosotros quería que estuviera en una cama de hospital más tiempo del que debía”, explicó Preston. Junto a sus hermanos, Ryan, Drew y Lauren, se sentaron alrededor de la cama de su padre, con las manos agarradas, y le dijeron adiós entre lágrimas.

“Él siempre había dicho, ‘no quiero que me veáis en una cama de hospital, en un asilo”, añadió Preston, “nos dijeron que iba de camino a una muerte cerebral, así que le dijimos adiós antes de retirar los tubos, todos los monitores se apagaron y esperamos junto a él”. Pero Marr siguió respirando.

A la mañana siguiente, de camino al hospital, Preston recibió una llamada de su tía diciéndole que Marr había mostrado signos de recuperación. “Será sólo un reflejo”, pensó ella, que es enfermera. Pero al llegar al hospital, le saludó, “Hola, papá”, y él no abrió los ojos pero sonrió.

“Pensé que estaba soñando, literalmente, fue el momento más loco nunca”, explicó Preston después. La mujer le pidió a su padre que le apretara una mano, pero no lo hizo, así que le dijo que moviera los pulgares, y él lo hizo; luego le indicó que moviera los dedos del pie, y también lo hizo. Marr terminó por recobrar la conciencia, rodeado por toda su familia, y empezó a recuperarse; se le diagnosticó entonces un síndrome de encefalopatía reversible, en vez del infarto inicial.

“No soy una persona extremadamente religiosa”, ha explicado Marr, “no voy a la iglesia cada domingo, pero creo en Dios, creo con todo mi corazón, y ahora esto es una prueba para mí de que todo lo que he oído es verdad, él me ama, él está ahí para mí… fue un milagro”. Así le llama ahora su familia, “el hombre milagro”, e incluso lleva una gorra con esa leyenda. Recuerda además haber visto a su padre en un momento de su estancia en el hospital, pese a que el hombre lleva dos años muerto.

Omaha World Herald
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