Mi recuerdo más temprano es el día que vine por primera vez a Portland. Yo tenía 5 años, y mi familia acababa de llegar de Michoacán, México. La ciudad parecía enorme, parecía que cada vez que giraba la esquina, seguía creciendo. Parece que mi vida comenzó el día que llegué.

Crecí como todos los demás. Comencé a estudiar en la Escuela Primaria Glenfair y mis estudios complementarios los realicé en la Escuela Secundaria Reynolds con los mismos niños que conocí desde el jardín de infantes. Aprendimos a leer juntos. Jugamos frisbie en el parque juntos.

Nadie cuestionó nunca mi estatus migratorio, así que me tomó años para darme cuenta de que no tenía un estatus legal. Mi hermano y mi hermana menores, que ahora tienen 13 y 19 años, nacieron en los Estados Unidos y son ciudadanos estadounidenses. Pero a medida que la graduación de la escuela secundaria se acercaba cada vez más, comencé a preguntarme por mi futuro: ¿Qué sucede después? De repente, me sentí diferente y tenía miedo.

Comencé a pensar que sería mejor si me quedaba fuera del centro de atención. Pensé dos veces antes de asistir a partidos de fútbol o eventos de barrio porque pensé que agentes de inmigración podrían estar allí. Nunca les dije a mis amigos sobre mi estatus, me temía que su imagen sobre mí cambiaría de alguna manera.

Luego, hace casi tres años, después de que el Presidente Obama promulgó el programa Acción Diferida por Llegadas de la Niñez-DACA, lo solicité. El estatus de DACA significaría que podría asistir a la escuela y al trabajo. No tendría que tener miedo.

Empecé a trabajar como voluntario en la Escuela Primaria Glenfair, la misma escuela a la que asistí. Conseguí un trabajo como ayudante de un profesor donde trabajo con personas que necesitan ayuda y también trabajo en el programa después de la  escuela. Me ofrecí voluntariamente en la iglesia que mi familia había estado asistiendo por décadas.

Luego en diciembre pasado, fui arrestado por conducir bajo la influencia del alcohol. Tuve varias decisiones equivocadas esa noche. Pero he tomado varias decisiones correctas desde entonces. Estoy en tratamiento. Me inscribí para un programa de desvío y me presenté para todas las fechas en la corte. Yo estaba el camino para completar todos los requisitos borrado de los registros sobre la acción del DUII (Driving Under the Influence of Intoxicants o manejar bajo las influencias sustancias intoxicantes). Conseguuí un tercer trabajo organizando una despensa de alimentos para familias de bajos ingresos.

Alrededor de las 7:30 de la mañana del domingo 26 de marzo de 2017, cuando toda mi familia estaba durmiendo, nos despertó un golpe fuerte en la puerta. Me levanté y mi hermana contestó a la puerta. Los oficiales me solicitaban. Mi hermana cerró la puerta y subió las escaleras.

Me vestía para ir a ver lo que querían cuando dijo: “Creo que son oficiales de inmigración”. Antes de abrir la puerta, me di la vuelta y miré a toda mi familia y tenían tanto miedo que les dije que se mantuvieran tranquilos y me dejaran manejarlo y averiguarlo. Luego salí.

Lo siguiente que supe era que estaba esposado y dentro de su carro de policía. Pensé, ¿A dónde vamos?, ¿Que está pasando? Los agentes del ICE me dijeron que iba a perder el DACA y me llevaron primero a una instalación en Portland y luego todo el camino transcurrió a Tacoma, Washington.

Lo curioso es que, aún cuando esto sucedía, todavía no podía imaginarme ser deportado. La vida en México me parece totalmente ajena, soy de Portland. Yo no lo sabía en ese momento, pero mientras yo estaba en el centro de detención, la gente salía de todas partes para luchar por mi liberación. Llamaron a cualquiera que quisiera escuchar, y mi historia comenzó a extenderse rápidamente.

Increíblemente, un día y medio después de que el ICE me detuviera, me liberaron bajo fianza. Cuando pienso en todos los que lucharon por mí, estoy tan emocionado y totalmente abrumado. Agradezco la presión de activistas pro inmigrantes porque gracias a ellos he regresado con mi familia, pero me doy cuenta de que no soy el único. Las personas que se reunieron o pidieron en mi nombre, dejaron claro que rechazan estas políticas que están desgarrando a las familias. Saben que nadie que creció aquí debe ser arrancado de su casa.

Todavía me enfrento a procedimientos de deportación. La idea sigue siendo inimaginable para mí porque Portland es mi hogar. Y después de ver tantos organismos luchar por mí, sé que estoy justo donde pertenezco.

Este ha sido el testimonio de Francisco Rodríguez, un DACA que cometió un error, que su familia es estadounidense y que lamentablemente su pasado toca su puerta nuevamente.

Hola Nebraska