Más de 750 000 inmigrantes aguardan para conseguir la nacionalidad estadounidense, casi el doble que cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca, según los datos del Servicio de Inmigración y Ciudadanía (USCIS, en inglés).

El tiempo de espera para los residentes legales que desean naturalizarse se ha duplicado, pasando de seis meses a un año, y en algunos lugares, como Los Ángeles, asciende hasta dos años, según informa el diario Los Angeles Times.

¿Puede atribuirse este retraso a las políticas migratorias de Donald Trump, que no sólo está persiguiendo a los indocumentados sino que también está haciendo la vida mucho más difícil a aquellos que siguen las vías legales para perseguir el sueño americano?

En 2015, es decir, cuando gobernaban aún el demócrata Barack Obama, se presentaron 800.000 aplicaciones para convertirse en ciudadano, y el retraso afectaba entonces a 390.000 personas. Durante 2016, sin embargo, es decir, cuando Trump presentó ya como candidato presidencial sus políticas de mano dura con los inmigrantes, la cifra de aplicaciones superó el millón, y el retraso pasó a afectar a 640.000 personas. Desde entonces, se ha incrementado un 7% la plantilla de USCIS, pero el retraso ha crecido hasta las 750.000 personas.

Los alcaldes de 50 ciudades y condados (incluyendo Chicago, St. Louis, Atlanta, Orlando, Providence, Seattle, San Francisco, Denver, Los Ángeles, Washigton DC, Nashville, Houston, Pittsburg, San José, Sacramento, Filadelfia y otras) han enviado una carta a USCIS requiriendo que solucione este asunto con la máxima brevedad estos retrasos. Y organización civiles han exigido legalmente explicacionessobre los motivos de estos retrasos.

En parte, pueden deberse también a los cambios introducidos en el proceso de naturalización por el Gobierno de Donald Trump, presuntamente para reducir los posibles fraudes. “Uno a uno, no parecen cambios importantes, pero en conjunto pueden hacer el proceso mucho más complicado”, explica el abogado de inmigración Jeremy Love al diario The Birmingham News. Se han añadido por ejemplo nuevas entrevistas, lo que puede alargar el proceso entero.

En 2015, se recibieron 783.000 solicitudes y se procesaron 866.000, En 2016, se recibieron 971.000 solicitudes y se procesaron 839.000. En 2017, ya con Trump en la Casa Blanca, se recibieron 987.000 solicitudes y se procesaron sólo 799.000. El número de solicitudes presentadas no deja de crecer, es cierto, pero el número de solicitudes procesadas cada vez es menor. De ahí que organizaciones pro-inmigración lo estén considerando “el segundo muro de Trump”.

Y no sólo afectaría a los residentes legales que quieren obtener la ciudadanía. Los inmigrantes de visado de trabajo H1-B se están encontrando también con problemas adicionales para conseguir sus permisos.  Desde el 11 de septiembre, USCIS puede rechazar sus peticiones si cometen una equivocación, en vez de darles la oportunidad de aclarar o subsanar el error. Además, el Gobierno ultima la directiva para retirar a los cónyuges de aquellas personas con este visado el derecho a trabajar. Y acaba de aprobar una nueva norma que restringe quién puede emplear a estos trabajadores, y cuánto dinero han de ganar para lograr el permiso de trabajo.