Los arrestos de inmigrantes han aumentado casi un tercio desde que el presidente Donald Trump asumió el cargo, en comparación con el mismo período del año pasado. El ICE del Departamento de Seguridad Nacional arrestó a 21.362 inmigrantes presuntamente indocumentados desde el 20 de enero hasta mediados de marzo, según estadísticas publicadas, en comparación con 16.104 en el mismo período de 2016.

A pesar de la afirmación de Trump de que está apuntando a “criminales” entre la población de inmigrantes indocumentados, el mayor aumento en las detenciones es entre los inmigrantes sin antecedentes penales de ningún tipo, a más del doble. Los arrestos de inmigrantes con algún tipo de antecedentes penales que podría incluir un cargo por conducir ebrio desde hace 20 años aumentaron de 13,404 a 15,921, un de 18,7 por ciento: “los agentes federales recién empoderados intensifican su búsqueda de inmigrantes indocumentados no sólo con antecedentes penales, sino también miles de inmigrantes ilegales que han cumplido con las leyes”. Algunas oficinas regionales del ICE reportaron incrementos mucho mayores en los arrestos de inmigrantes sin antecedentes penales: Filadelfia subió un 500 por ciento a un total de 356, Atlanta subió un 300 por ciento a casi 700.

El total desde la inauguración de Trump hasta mediados de marzo fue 22.161, mayor que el número de arrestos del ICE en 2016. A pesar del aumento en los arrestos y detenciones, las deportaciones reales cayeron un 1,2 por ciento, a 54.741 en enero, febrero y marzo, en comparación con los mismos meses de 2016. Esto se debe a que el mayor número de detenciones recientes está poniendo más prisioneros en los ya taponados tribunales de inmigración, donde los casos se han disparado y el tiempo necesario para procesar los casos se ha alargado.

También hay resistencia de muchos países a retirar a los ciudadanos a los que apuntan las autoridades estadounidenses para su expulsión, en particular a China, que no tiene motivos para hacer ningún favor a un gobierno que lo ha acusado de “violar” a Estados Unidos a través de sus prácticas comerciales y que además, está batiendo los tambores para la guerra contra Corea del Norte.

El número total de detenciones del ICE sigue por debajo de los niveles máximos de 2014, cuando la administración Obama tuvo 29.238 inmigrantes detenidos durante los primeros meses del año. Esto correspondía a una oleada de refugiados, en su mayoría madres y niños no acompañados, que huyeron de los países centroamericanos de Guatemala, El Salvador y Honduras temiendo la violencia de las pandillas y los regímenes derechistas respaldados por Estados Unidos.

En noviembre de 2014, se comenzaron a detener sistemáticamente los arrestos de inmigrantes, limitando las detenciones a los que tenían antecedentes penales violentos y los últimos transgresores de fronteras. Bajo la administración Trump, sin embargo, se ha ampliado en gran medida las categorías de inmigrantes que son objeto de arresto.

El secretario del Departamento de Defensa, Robert Kelly, ex general de la marina, dijo a un  programa que el gobierno de Trump estaba expandiendo las políticas ya establecidas bajo la administración de Obama: “Es justo decir que la definición de criminal no ha cambiado, pero si el espectro de criminalidad que operamos ha cambiado”, dijo.

Kelly se jactó de que la retórica anti-inmigrante de Trump, así como la reciente visita a la zona fronteriza por el Fiscal General Jeff Sessions, había contribuido a reducir el número de personas que cruzaban la frontera entre México y Estados Unidos, principalmente desde Centroamérica: “se ha inyectado suficiente confusión en sus mentes, creo y están esperando para ver qué realmente sucederá”, concluyó.

Hola Nebraska