La deuda estudiantil alcanza nivel de crisis, sin solución en el Congreso

Foto: AP

Miles de profesionales, desde ingenieros hasta abogados y congresistas, son parte del universo de 45 millones de personas que en su conjunto deben $1,5 billones en préstamos estudiantiles. Algunos se preguntan si su diploma universitario valió la pena, mientras el Congreso sigue sin acuerdo para aliviar esa carga.

 

La deuda estudiantil ha superado la deuda de las tarjetas de crédito para convertirse en la segunda categoría más grande después de las hipotecas.

De hecho, los préstamos estudiantiles son el segmento de mayor crecimiento de las deudas de un hogar, con un incremento del 157% desde 2007, según datos oficiales.

El nicaragüense Roberto Medrano, de 34 años y padre de tres hijos, se considera “un hombre con suerte” porque algunos de sus compañeros se graduaron con deudas superiores a los $100.000.

En cambio, él obtuvo algunas becas y ayuda financiera porque su madre trabajaba en labores de limpieza en la Universidad Howard en Washington, donde Medrano obtuvo su licenciatura en Ciencias Políticas en 2007.

“La matrícula costaba $30,000 al año, sin incluir vivienda y comida, pero todavía sigo pagando la deuda, que fue de unos $6,000. La estoy pagando de a poquito, y me queda como un año”, dijo Medrano a Noticias Telemundo.

“Me costó hallar trabajo en mi campo porque eran tiempos de recesión, y tuve que aceptar lo que saliera. Ahora estoy trabajando como contador; así es la vida, pero uno tiene que aprovechar las oportunidades que salgan”, manifestó.

“No he podido sacar mi maestría por lo mismo, por el alto costo. La universidad no es para todos, pero creo que si uno quiere hacer carrera profesional vale la pena endeudarse, aunque hay que pensar bien las cosas”, aconsejó.

Debido a su experiencia, Medrano, quien emigró de niño de Nicaragua en 1988, instó a los latinos que deseen una carrera universitaria que no descarten los colegios universitarios, “porque pueden ahorrarse mucho dinero, y si hay que mantener familia y pagar cobros, eso es importante”. En la página web “studentdebtcrisis.org” pululan las anécdotas de profesionales, jóvenes y mayores, que arrastran enormes deudas de sus años en la universidad, como el congresista Eric Swalwell, que representa el distrito 15 de California, y debe aproximadamente $100.000 en préstamos.

Algunos describen la odisea de pagar esos préstamos -con altas tasas de interés que aumentan la deuda a niveles estratosféricos-, ya sea consiguiendo varios empleos o ingeniándoselas para cubrir los demás gastos del hogar.

Una mujer, que se identificó como Marcella Nadler, dijo que tiene amigos a quienes les deducen sus mensualidades de sus cheques del Seguro Social. Otra, que se identificó únicamente como “Carolina”, tiene 54 años y todavía debe $87,000 por préstamos de las décadas de 1980 y 1990, y aseguró que “nunca” podrá saldar esas cuentas y ha aprendido a “vivir con ellas”.

El pasado 10 de mayo, varios líderes demócratas y republicanos de ambas cámaras del Congreso, entre éstos la precandidata presidencial demócrata y senadora por Massachusetts, Elizabeth Warren, presentaron un proyecto de ley para dar a personas ahogadas en deudas por préstamos estudiantiles la opción de declararse en bancarrota.

La iniciativa, de aprobarse, eliminaría una sección del código de bancarrotas, de tal manera que los préstamos estudiantiles pueden recibir el mismo trato que otras deudas de los consumidores, como las tarjetas de crédito o cobros médicos.

Antes de 1976, los estadounidenses podían salirse de los préstamos estudiantiles mediante el proceso de bancarrota, pero el Congreso fue modificando los términos, hasta que en 1998 determinó que los préstamos federales no podían ser condonados. En 2005, el Congreso añadió los préstamos de bancos privados.

En la actualidad, las personas deben demostrar “dificultades extremas” para que se cancelen los pagos en sus préstamos, algo que en la mayoría de los casos resulta prácticamente imposible.

El senador demócrata por Illinois, Dick Durbin, que también patrocina la medida, ha dicho que declararse en bancarrota debe ser la última opción -porque eso afecta el historial de crédito-, pero para quienes no tienen una vía realista para resolver su enorme deuda, “sí debe ser una opción para ayudarlos a levantarse”.

“Nuestra nación afronta una crisis por la deuda estudiantil, y es hora de restablecer la posibilidad de un alivio mediante la bancarrota” para quienes tienen préstamos estudiantiles, afirmó Durbin.

Del lado de la Cámara de Representantes, la medida cuenta con el patrocinio de los congresistas demócratas Jerrold Nadler y Joe Neguse, y del republicano John Katko.

Se calcula que cerca de un millón de personas al año se declaran en morosidad en los préstamos universitarios.

No todos tienen la suerte de los cerca de 400 estudiantes de Morehouse College, una universidad de mayoría afroamericana en Atlanta (Georgia), que ayer domingo recibieron un insólito regalo: el inversionista y filántropo multimillonario, Robert F. Smith, prometió pagarles la deuda conjunta de $40 millones.

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