Cuando Kate Plock llegó por primera vez desde Pawnee City a la Casa de Ronald McDonald de Omaha pensó que no estaría allí más de dos meses, tiempo suficiente para que su hijo Mason, en ese entonces de 3 años de edad se sometiera a terapia de alimentación.

Kate nunca había escuchado hablar de una casa de Ronald Mc Donald, mucho menos que permanecer allí le ahorraría 90 millas al día en viajes a las citas de su hijo.

Pero lo que se suponía que sería una estadía de ocho semanas se extendió a casi dos años.

 

Mason fue diagnosticado con autismo cuando tenía 2 años, no tenía mucho contacto visual ni hablaba. Cuando estaba frustrado, se tumbaba en el suelo, gritaba y agitaba los brazos. A Kate, siendo madre soltera, le era muy difícil continuar sola con esta situación además de que el pequeño tenía problemas de alimentación.

 

A los 3 años, Mason todavía bebía fórmula en botella, el único alimento sólido que comía eran fritos. Apenas masticaba. Sumado a ello, el pequeño era alérgico a varios alimentos por lo que había asociado comer con dolor y malestar.

A comienzos de 2016, Mason se convirtió en el primer niño inscrito en el programa Semillas del Instituto Munroe-Meyer. El programa consiste en una combinación de terapia de alimentación y servicios de intervención temprana, especialmente diseñado para niños con trastorno del espectro autista y del desarrollo.

El trabajo de Mason comenzó y avanzó progresivamente, ahora hace contacto visual, forma oraciones completas, come una gran variedad de alimentos. Y le dice “Mami te amo” a Kate quien había esperado más de cuatro años para que esto sucediera.

Durante los tres primeros meses de estancia en la Casa de Ronald McDonald, Kate y Mason se quedaban la mayoría del tiempo en su habitación si no estaban en terapia. Sólo conseguir que el niño bajara las escaleras se convertía en un gran colapso violento.

“Estaba muy deprimido”, dijo Kate. “Llegar a una casa llena de gente era exasperante.”

En aquel entonces la idea de llevar a su hijo al cine, a dar un paseo por los pasillos de juguetes de Walmart o inscribirlo en una guardería parecía imposible. Pero todo eso sorprendentemente sucedió, la semana pasada Mason se sentó a ver “Cars 3 ” en el cine, hace unos meses caminó con su terapeuta por los pasillos de Walmart eligiendo el juguete que quería y en agosto será su primer día de clases en Tecumseh.

La vuelta a Pawnee será una nueva gran transición para ambos, “estoy nerviosa por ello, la Casa de Ronald Mc Donald se ha convertido en un hogar y una familia para nosotros” dijo Kate.

 

Mason todavía tiene momentos de rabietas, pero cuando Kate se inclina hacia adelante y lo mira a los ojos diciéndole en tono suave “calmate Mason, utiliza tus palabras” todo se tranquiliza.

 

 

Peterson, el director de programa dijo que los sacrificios de Kate y su voluntad por mantener a Mason en diversos programas de terapia durante más tiempo de lo previsto son la prueba de su compromiso con su hijo.

Kate atribuye gran parte del progreso de Mason al programa de comportamiento severo del instituto. Mason había estado en lista de espera del programa durante un año antes de ser aceptado – justo en el momento que su estancia en la casa de Ronald McDonald estaba llegando al límite.

La terapeuta y Kate se encargaron de escribir una carta al consejo de administración de la Casa Ronald McDonald. La junta aprobó que pudieran permanecer allí más tiempo del límite establecido normalmente.

Su estadía en la Casa Ronald McDonald ha sido un proceso de aprendizaje para los dos, un camino que recorrieron juntos. “Nunca pensé que este viaje duraría tanto tiempo, pero estoy muy contenta de haberlo hecho” dijo Kate.

 

 

 

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