Hace pocos días hubo una manifestación pro-inmigración en People’s Park, Tacoma. Eran realmente sólo 50 personas alrededor de un parque público. Había una tienda de campaña, y una organización local de servicios de migración, había establecido una serie de oradores, el primero de los cuales era una joven llamada Catalina, probablemente en sus 20 años, que es indocumentada.

Ella había ido a la escuela a través del programa federal Dreamer y ahora es una trabajadora social practicante. Sin embargo, lo que sobresalió no fue su triunfo como estudiante, o la forma en que se quedó en los Estados Unidos había cambiado su vida o su capacidad de devolver a la comunidad. Más bien, sorprendió el peso aplastante de ser un inmigrante “perfecto” en su vida. Como hija de padres indocumentados, cualquier error puede potencialmente arruinar las vidas. Una detención podría significar la diferencia entre una educación universitaria y un trabajo doméstico ilegal y mal pagado. Su descripción de crecer bajo esta presión era inquietante y reveladora para la multitud.

Lo que vino después fue igualmente inquietante. La organización anfitriona había organizado discursos de representantes elegidos. Como un estado azul sólido (demócrata), todos, desde el ayuntamiento local hasta los senadores estadounidenses, querían una parte de la acción. A pesar de la súplica de Catalina para reconocerla como una persona y no como un estereotipo, estos políticos se aferraron a sus puntos de vista sobre la reforma migratoria.

Elogiaron la naturaleza honesta y trabajadora de los inmigrantes, citándolos como los fundadores de este país. Según los discursos, estos individuos merecían la ciudadanía o incluso los derechos básicos, porque eran pilares de la comunidad: los ciudadanos ideales.

Y aquí está la cosa: No están equivocados. A menudo los inmigrantes deben trabajar más duro sólo para ganar menos salario. Frecuentemente viven más lejos de sus lugares de trabajo y tienen viajes más largos. Tienden a poner mayor énfasis en la educación de sus hijos.

Estos son todos los atributos bien conocidos de estos individuos, pero personas como Catalina, tuvieron la presión que vino de este lenguaje que devastó la primera parte de su vida.

Sabemos que existe algo llamado “minoría modelo” y ejerce una presión indebida sobre sus receptores. Sin embargo, los investigadores en Canadá han argumentado que la razón por la cual tan pocos servicios existen para los inmigrantes se debe a la opinión pública negativa respecto a ellos.

De acuerdo con esta investigación, si el público entendía sus contribuciones a la economía, la comunidad y el país, entonces más recursos parecerían una buena inversión. Sin embargo, ahora tenemos muy pocos recursos y un estereotipo aplastante. Los inmigrantes deben trabajar más y más para sentirse “autorizados” a quedarse en Estados Unidos.

En realidad no se sabe cómo resolver la tensión entre la opinión pública cambiante y el peso que estas percepciones pueden tener.