Donald Trump ha vuelto a abrir una herida que ya estaba cicatrizada entre estadounidenses y mexicanos cuando se les quitó la mita de su territorio en 1846 producto de una invasión americana.

La dualidad de esta herida es que el presidente de Estados Unidos ha pretendido establecer, mediante discursos nacionalistas, que México es un país victimario que “envía lo peor de sus ciudadanos a violar, asesinar, traficar drogas y hacer terrorismo”.

Y es precisamente esto lo que algunos mexicanos han pretendido recordar a Trump: “Somos víctimas del imperio e invasión de Estados Unidos donde murieron ciudadanos inocentes, y a la vez se apropiaron de la capital mexicana y de sus puertos o aduanas” cita una de los párrafos de la extensa demanda que pretende “tumbar” el Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848, donde obligó (bélicamente) a la nación del sur a admitir que los estados de Texas, Arizona, Nuevo México y California (el Estado más rico del país), fueran cedidos.
Esta iniciativa batalla sobre enormes obstáculos legales y sobre todo militares. Bernardo Sepúlveda, ex Secretario de Relaciones Exteriores de México exclamó en una rueda de prensa que: “muy a su pesar la demanda no prosperaría.

En tiempos anteriores las guerras de conquista no se topaban con la misma condena moral y legal que ahora forma parte de nuestro sistema legal” y añadió que “dicha demanda se tendría que presentar conforme a la Convención de Ginebra y mostrar que México no aceptó expresamente la validez del tratado o que, en razón de su conducta, el mismo país soberano mostró su rechazo a esa validez. Hay que recordar que no fue el caso del Tratado de Guadalupe Hidalgo: éste fue firmado con el consentimiento de ambos gobiernos y sus respectivos congresos pero qué, como recordación, para obtener un dictamen, la demanda de anulación del Tratado de 1848 tendría que someterse a la Corte Internacional de Justicia, cuya jurisdicción obligatoria en casos contenciosos no está reconocida por Estados Unidos”.

Se ha pensado que la demanda tenga un trasfondo más asequible para que se pueda exigir presión al gobierno de Trump: la mejor manera de premiar o si se quiere, reparar, sería una modificación benéfica de la reforma inmigratoria que busca excluir a los mexicanos de bien de Estados Unidos de manera retórica y así poder homenajear a las personas herederas de ese “robo de medio territorio” mexicano.