Así se vivió la fuerte balacera en Villa Unión, Coahuila

Los vecinos del pueblito mexicano fronterizo de Villa Unión disfrutaban el sábado con familiares llegados desde Estados Unidos por el feriado de Acción de Gracias cuando fueron sosprendidos por un intensa balacera que acabó con la vida de 22 personas en lo que parecía un fin de semana tranquilo que se convirtió en una experiencia terrorífica, según sus testimonios.

Esto es lo que describrieron algunos de los testigos, que en su mayoría pidieron el aninomato ante el temor de represalias:

Todo comenzó en la tarde del sábado cuando los residentes de esta localidad del estado de Cohauila, a pocas millas de la frontera, empezaron a darse cuenta de que eran el blanco de una invasión de escala militar cuando comenzaron a escuchar el intercambio de balas entre un contingente de más de un centenar de hombres con armas de gruso calibre y la policía estatal, que además de los 22 muertos, dejó dos civiles y cuatro policías heridos, 16 sospechosos detenidos, y al menos 50 viviendas y edificios marcados por la munición.

Tras el tiroteo, las autoridades hallaron 25 vehículos abandonados, algunos con ametralladoras fijas y blindaje soldado, algunos de ellos con letreros impresos que los identificaba como vehículos de lo que parece ser el cártel del Noroeste, una escisión del grupo de Los Zetas que entre 2010 y 2013 secuestró y asesinó a cientos de civiles además de destruir poblaciones enteras en ese estado. Un vecino dijo que había visto al menos el doble de camionetas, de modo que algunas habrían escapado.

Una caseta donde se asan pollos empezó a preparar la lumbre para los almuerzos.

“Desde el jueves empezó a caer mucha gente con el Día del Pavo -como algunos llaman coloquialmente a Acción de Gracias- y nos iba a caer buena venta”, indicó un vendedor de comida de la plaza central del pueblo.

Los habitantes en el lado este de Villa Unión, el lado más cercano a la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo, en el vecino estado de Tamaulipas, donde tiene su base el Cártel del Noroeste empezaron a ver caravanas de camionetas que entraban en el pueblo. Al principio, muchos vieron los chalecos y el equipo táctico que llevaban los pasajeros y pensaron que eran policías o soldados.

“Mi cuñado contó 50, pero llegaron más por otro lado”, dijo otro de los testigos.

Un tendero vio pasar 20 camionetas, pero dejó de llevar la cuenta cuando vio que algunos llevaban placas de Texas o iban sin ellas. Sabía que eso significaba que no eran policías. Otros empezaron a ver camionetas con las letras “CDN” en el lateral, siglas del Cártel del Noroeste.

El miedo comenzó a apoderarse de los vecinos y empezaron a esconderse.

El tendero que se había fijado en las placas entró en su tienda y se escondió tras el mostrador. Los agresores bajaron de sus vehículos con fusiles de asalto y en cuanto el comerciante cerró su puerta, empezaron a disparar hacia el ayuntamiento.

“No sabes ni qué pensar en ese momento, solo te escondes”, dijo el tendero.

A una cuadra del ayuntamiento, una abuela se metió en un armario con sus dos nietos para protegerlos mientras las balas volaban por todo el pueblo. “El tiempo se me hizo eterno”, relató la mujer.

El párroco Federico de los Santos estaba en su iglesia junto con media docena de feligreses cuando comenzó la balacera y contó que se arrojaron al suelo entre el sonido de los disparos, y el sacerdote llamó en varias ocasiones al obispo para contarle lo que estaba pasando.

Un joven que caminaba por la plaza central cuando estalló la balacera corrió hasta el puesto de los pollos asados. Dio golpes en una de las puertas hasta que el propietario, de 71 años, le abrió. Ambos se quedaron ahí refugiados.

“Yo (no) había visto ninguna balacera así salvo en las películas”, dijo el anciano.

Los agresores se dividieron en al menos dos grupos y pusieron rumbo a la zona oeste del pueblo, justo por donde entraban los refuerzos militares y policías estatales de destacamentos cercanos.

Además los agresores secuestraron a tres civiles: dos bomberos locales y un empleado del departamento municipal de obras públicas. Ambos bomberos aparecieron muertos más tarde.

También capturaron a cinco menores, al parecer con intención de que los guiaran para escapar por los caminos de tierra entre los ranchos y que llevan hacia los cerros de la vecina Tamaulipas, al este.

Las caravanas del cártel se encontraron con los militares y la policía estatal en el lado oeste de la ciudad y protagonizaron un fuerte combate cerca de una gasolinera.

La policía y los soldados rastrearon las afueras de Villa Unión y las zonas aledaña desde donde no todos los atacantes pudieron huir hacia Nuevo Laredo, y se produjo otro enfrentamiento en el que murieron siete supuestos delincuentes. Muchos llevaban munición o chalecos antibalas, así como ropa de camuflaje.

En la madrugada del domingo, llegaron más refuerzos de fuerzas federales al pueblo y cuatro de los cinco jóvenes desaparecidos aparecieron con vida, al parecer liberados tras guiar a los agresores.

El quinto joven desaparecido, un chico de 15 años, apareció también con vida horas más tarde. “Dice que le trataron bien pero está traumado”, según un amigo de la familia, que explicó cómo el padre tuvo que ir a buscarlo a un pueblo cercano.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, no se pronunció sobre los combates hasta horas más tarde, una situación que calificó de “excepcional” al considerar que “no es algo que se padezca cotidianamente en ese estado”.

Durante su conferencia matutina de este lunes, AMLO destacó la participación del gobernador de Coahuila, Miguel Riquelme, y aseguró que es “quien más atención le dedica al tema de seguridad.” “Quiero comentarles que no había pasado esto en Coahuila, ya llevaba tiempo. El gobierno estaba cuidando mucho el tema de la seguridad pública, es de los gobernadores, el de Coahuila quien más atención le dedica al tema de seguridad”, dijo.

El mandatario mexicano asumió el cargo hace un año prometiendo pacificar el país después de más de una década de violencia alimentada por pandillas. Una serie de fallas de seguridad recientes ha generado dudas sobre la estrategia de la administración de izquierda.

Las críticas se han centrado en la masacre del pasado 4 de noviembre de nueve mujeres y niños de origen estadounidense y mexicano de comunidades mormonas en el norte de México, y la liberación por parte de las fuerzas armadas de un hijo capturado del narcotraficante Joaquín El Chapo Guzmán bajo la presión de pistoleros del cartel en la ciudad de Culiacán.

Coahuila tiene un historial de violencia de pandillas, aunque el total de homicidios en el estado que limita con Texas está muy por debajo de donde estaba hace siete años. Las cifras nacionales de homicidios están alcanzando niveles récord.

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